
¡Cuatro días y contando! El principio de un nuevo semestre se acerca. Una vez más, nuestros números presentes muestran su máxima capacidad. 35 estudiantes. 10 hombres y 24 mujeres. 12 latinos y 23 no latinos. Durante las vacaciones hicimos unas mejoras al local para que los 35 estudiantes quepan mejor. Remodelamos el segundo piso y agregamos un baño. Remodelamos el quiosko y pudimos añadir una mesa más. Estamos llenos.
¿Pero, qué importa? Si el éxito se mide por el número de personas que podemos meter en la institución, quizás podemos ser llamados exitosos, y quizás no. Estoy seguro que podríamos construir más edificios y lograr espacio para unas 100 personas, quizás más. Si el exito se mide por cumplir con la meta de un 50% de becas para estudiantes latinos fácilmente se argumentaría que estamos fallando. El semestre casi lo logramos. Si el éxito se mide con que los estudiantes hayan tenido una increible experiencia, los resultados serían mixtos. A algunos les gustó la comida, otros prefieren su comida de casa. A algunos les gustó algunas de las clases, otros tienen diferentes ideas de qué y cómo se debe enseñar en este lugar ( y quizás tengan razón). A algunos les gustará el baño adicional en el segundo piso, mientras que otros considerarán que le robó demasiado espacio a un dormitorio ya muy estrecho.
¿Cómo definimos el éxito? ¿Quién lo mide? ¿Verdaderamente importa?
Contestando estas preguntas al revés. Sí, creo que importa. Creo que los creyentes hemos de estarnos preguntando si estamos haciendo lo que se debe, como se debe, y si lo estamos haciendo bien. Un hombre me comentó que esto era parte de la imagen de Dios en nosotros. Cuando Él creó el mundo, vió todo lo que creó, y vio que era bueno, y hasta muy bueno. Se podría decir que aplicó un método de control de calidad y estaba contento con garantizar su producto. Como creyente, creo que todo lo hemos de hacer para la honra y gloria de Dios. Como el director de una institución, tendría que decir que una de mis principales obligaciones es buscar el éxito. No puedo estar satisfecho con la mediocridad. Quiero que todo lo que hacemos sea bueno. Hasta muy bueno.
¿Quién lo mide? Es una respuesta de escuelita dominical. - Claro que Jesús.- o podríamos ser más trinitarios y decir, - Dios. - Tendríamos razón en ambos casos, pero también estaríamos equivocados. Como la gracia de Dios nos ha permitido ser co-partícipes en Su obra, creo que tenemos la obligación de evaluarnos y evaluar nuestro ministerio. Esto es muy difícil de hacer, ya que a menudo pensamos que es imposible medir el éxito en ministerio. La mayoría de iglesias cuentan la asistencia y ls ofrendas como la manera de hacer un auto-análisis. Un evangelista cuenta las tarjetas de compromiso al final de una cruzada. Sin embargo, ¿qué contamos en Portantorchas? Una vez más podría caer en sólo tomar en cuenta los números. Estamos llenos y estamos balanceando nuestro presupuesto. ¿Pero estamos siendo exitosos? Por lo tanto hemos de contestar la última pregunta.
¿Cómo se define el éxito? Creo que esto se hace al entender el propósito de Dios al establecernos como ministerio. Es que presentemos a cada hombre (aún cuando son una minoría) y cada mujer (una gran mayoría), cada latino y no latino, completo en Cristo. Que Cristo sea formado en cada uno de nuestros estudiantes. Eso es éxito. De otro modo no es nada más que entretenimiento y esfuerzo en vano. A la misma vez, no es una pequeña meta. Aún más pesado, es una meta que verdaderamente no tenemos ninguna posibilidad de cumplir. Sólo Dios puede transformar a un pecador en un santo. Sólo el Espíritu de Cristo en mí puede conformarme a su imagen y semejanza. Aún así, es por esto que Pablo sufría los dolores de parto para la iglesia en Galacia. Aunque la obra es de Dios, por su gracia nos ha permitido ser partícipes de su trabajo. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.
Por lo tanto como empieza la cuenta regresiva, por favor oren por nosotros para que seamos exitosos este semestre. Esperamos volver a ver al final todo lo que hemos hecho por Su voluntad y Su poder, y que podamos ver que es bueno. Aún más, bueno en gran manera.
Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, a El sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.
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